RINCÓN LITERARIO

Reseña El presidente que no fue
La historia silenciada de Gabriel Turbay. Olga L. González

Germán Palacio

Director CEPAM

MSc en Sociología Jurídica, University of Wisconsin-Madison. Doctor en Historia, Florida International University-Miami. Director del CEPAM. Último Libro: Fronteras y Horizontes de la Imaginación. Amazonia, vorágine y paraíso recuperado (2025).

Olga L. González. El presidente que no fue. La historia silenciada de Gabriel Turbay. (Bogotá: Uniandes, 2025). Reseña de: Germán Palacio

Parafraseando a la autora, este libro es un trabajo sobre la historia silenciada de un político colombiano muy notable del siglo XX. Se llamaba Gabriel Turbay y fue uno de los dos candidatos liberales derrotados en las elecciones de 1946. Esta derrota implicó el fin del período liberal, inaugurado en 1930 y la instauración de un régimen conservador minoritario, en ese caso liderado por Mariano Ospina Pérez, que acabó sucumbiendo sumido en un baño de sangre, una vez eliminados sus dos protagonistas liberales: Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Tardaron las elites en detener el baño de sangre, primero, a través de una dictadura militar, la de Gustavo Rojas Pinilla y luego instaurando el Frente Nacional, es decir, la repartición del manejo del Estado entre dirigentes de los dos partidos tradicionales, cuando lograron zafarse de la dictadura.

Este también es un libro sobre un proyecto político abortado (Pg. XVII), dice la autora. El lector puede también concluir con la lectura de este libro que este silenciamiento empujó la imaginación de la historia moderna colombiana hacia una trayectoria trágica, que la inmensa mayoría de los colombianos no hubiéramos querido transitar. Igualmente, este libro es una reflexión sobre las consecuencias de ese ocultamiento y la distorsión de la memoria que nos ha hecho construir de manera bizarra nuestro pasado, encegueciéndonos sobre cómo realmente ocurrió. Para entender esta situación, la autora traza la trayectoria política de los dos líderes liberales, resalta la vida política de Gabriel Turbay y la descripción de la coyuntura electoral de 1946. Va a marcar, en muchos aspectos, la historia política del país, sumida en violencia y conflicto armado desde ese momento hasta prácticamente 2016, cuando con los acuerdos de paz, aspirábamos a que se cerrara una época de más de 6 décadas.

La autora establece así los cuatro objetivos del libro: hacerle justicia a un político clave para la historia nacional; narrar los hechos tal como ocurrieron, pero fueron silenciados; interrogar a los mitos que se instalaron sobre el silencio detectado; dialogar con los retos del presente arrojando luces sobre el impacto de este silencio en la imaginación política colombiana, a raíz de este vacío que nos arrojó sobre una narrativa distorsionada.

Con estos objetivos en mente, la autora desmonta el mito sobre que Gabriel Turbay fue el candidato de la oligarquía liberal, como ha solido presentarse en la historiografía nacional, al tiempo que demuestra que su contrincante liberal, Jorge Eliécer Gaitán fue utilizado y se dejó utilizar por el brillante líder conservador, Laureano Gómez. Por ello, este libro también desmitifica a Gaitán. El lector debe tomar nota de que es clave para la autora distinguir entre el Gaitán mito y el Gaitán político.

Gabriel Turbay fue un político santandereano de origen sirio-libanés, se podría decir, de provincia, nacido en Bucaramanga, es decir, no incluido en las elites políticas bogotanas en una época donde era crucial serlo para tener éxito político. Aclaración necesaria: Gabriel no tiene nada que ver con Julio César Turbay, distinto a la coincidencia de su apellido. Gaitán tampoco perteneció a las elites bogotanas, pero sí nació en Bogotá.

Para contar la historia, Olga L. González traza un paralelismo entre Turbay y Gaitán que por mucho tiempo los unió como copartidarios. Nacieron en el cambio de siglo, siendo Turbay tres años más joven (1901). Compartieron luchas políticas en sus años juveniles, en particular, por sus debates en relación con la denuncia de la masacre de las bananeras de 1928. Turbay se graduó de médico y Gaitán de abogado. Desde muy temprano ocuparon posiciones políticas importantes. Turbay fue elegido en la Cámara de Representantes en 1926 y Gaitán en 1928. Aunque ambos ocuparon posiciones políticas destacadas, Turbay ocupó posiciones de importancia en el gobierno y en el exterior, pero Gaitán fue alcalde de Bogotá, cargo en el que aparentemente no le fue tan bien. Siendo abogado se terminó de formar en Derecho Penal en Italia, en una época en que el racismo le daba soporte a teorías criminalísticas. Allí presenció el avance irresistible de Mussolini y de sus formas de arrastrar a las masas y de manejar la propaganda política.

De manera previsible, en mi opinión, sus carreras políticas terminaron enfrentándolos, cuando un político conservador extremista, Laureano Gómez, logró explotar las contradicciones internas de los liberales; y un líder liberal consagrado, Alfonso López Pumarejo, por razones veleidosas y vanidosas, ayudó, según la autora, a cerrarle el paso a Turbay, quien fue el candidato oficial escogido por la Convención liberal. Entre ambos, Gómez y López, rivales en apariencia, generaron un entorno político que acabó saboteando las aspiraciones liberales: el primero, adulando y magnificando la figura de Gaitán bajo la lógica de divide y vencerás, y el otro, figura de lo más prominente del partido liberal, cerrándole al paso a Turbay. El resultado condujo al triunfo minoritario del partido conservador de Mariano Ospina Pérez, obteniendo el 41.43% de los votos, candidato improbable de última hora, quien derrotó a los dos líderes liberales quienes sumados obtuvieron el 58.58% de los votos, aunque Turbay logró la mayoría entre ambos con el 32.30% frente a 26.28% de Gaitán. El partido liberal dividido sucumbió en esas circunstancias.

De este modo, la autora de este bien documentado libro, primero, revela partes invisibilizadas de la historia política de Colombia de la primera parte del siglo XX; segundo, denuncia el juego maquiavélico de los dos líderes de los partidos tradicionales, en particular del liberal, que hasta ahora había pasado de agache en el juicio histórico contemporáneo y de los historiadores; tercero, demuele el soporte mítico de la fama del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, quien debido a su asesinato se convirtió en un mártir del pueblo y forjó la imaginación histórica de los colombianos en resistencia, por más de medio siglo; por último, la autora extrae del cuarto del sanalejo a una figura política clave que fue invisibilizada bajo la tormenta de violencia irresistible que se forjó tras el asesinato de Gaitán.  

González sustenta con creces sus alegatos analizando la documentación más relevante para el período, dándole mucha importancia al análisis de la prensa de la época, que no siempre es tan bien recibida por historiadores ortodoxos, aunque yo, personalmente, no capto la razón de semejante escrúpulo, ya que toda fuente, sin excepción, debe ser sometida a análisis crítico.

Si el libro está dividido en tres partes, la primera se concentra en el fenómeno político que fue Turbay; la segunda se enfoca en la campaña electoral de 1946; y la tercera, formula las preguntas para hoy, cuya importancia es evidente, si pensamos que la historia no consiste sólo en discernir lo que ocurrió en el pasado tal como ocurrió. En esta sección Olga L. González se centra en contar los vacíos, errores, olvidos y distorsiones que ha generado la historiografía nacional y hay que decirlo, allá quedan acusados, mejor, implicados, varios de los más notables historiadores colombianos. Igualmente, esta parte que es la más corta de las tres, intenta evaluar los costos de esta invisibilización y extravío de la imaginación histórica nacional, así como los desafíos para la izquierda colombiana, hoy en el poder, posiblemente, por primera vez en su historia.

De alguna manera, es significativo recordar que el partido Comunista colombiano había apoyado la candidatura de Turbay, superficialmente acusado como el candidato de la oligarquía, con lo cual, la autora pone patas arriba las deformaciones derivadas de la invisibilización de Gabriel Turbay. No cabe sino en la simplificación y distorsión histórica que lo propone como el candidato de las oligarquías, por varias de las razones expuestas. Tampoco es del todo cierto que su contraparte, Gaitán, fuera indiscutidamente el candidato del pueblo, sino que en el fracaso de Turbay participaron de manera manipuladora los líderes de ambos partidos, tanto el conservador extremista Laureano Gómez, como el oligarca, López Pumarejo, que es lo que propone y demuestra la autora de este libro.

Se trata de una historia política convencional, lo que no le resta mérito en cuanto a la convincente sustentación documental que exhibe la autora del libro. Indudablemente, ella ayuda a dilucidar una coyuntura política que marcó la historia de violencia y conflicto interno armado en Colombia en la segunda parte del siglo XX. El lector se puede preguntar por las razones que llevaron a que Turbay, una vez derrotado, haya abandonado la lucha política y se haya diluido, exilándose y dejando el espacio político a Gaitán. Ya que la autora no trata el tema, queda en punta este aspecto como para posteriormente escribir un nuevo epílogo.

Si Laureano Gómez fue un político extremista de derecha reconocido, su trabajo sucio como divisor de las fuerzas liberales lo consagra como político astuto: podríamos decir, que fue juego político válido porque hizo lo que le correspondía como contrincante político. En cambio, no es fácil de justificar el comportamiento del más importante líder liberal del momento, López Pumarejo quien, si se le cree a la autora, requiere un más severo juicio de la historia.

En sus explicaciones sobre las causas profundas del fracaso de Turbay hay dos factores de cultura política que subyacen en la base de los ataques a Turbay. Una se puede llamar xenofobia y, otra, racismo. Aunque es importante que la autora resalte estos factores, creo que la autora colapsa los dos conceptos sin suficiente rigor y resalta más el racismo que la xenofobia contra Turbay, cuando la situación es al contrario. En mi opinión y, después de haber vivido un cuarto de siglo en la Amazonia, creo que he afinado más el ojo para distinguir el racismo. Y, en ese sentido, me parece que lo que hay contra Turbay es más xenofobia que racismo. Y, posiblemente, en el caso de Gaitán, las elites afilan su batería racista y clasista. Tenemos así una matriz de diferenciaciones discriminatorias selectivas: problemas de centralismo, cuando se es de provincia; xenofobia, racismo y clasismo. Por eso pienso que la autora merece reconocimiento por llamar la atención sobre estos aspectos, pero creo que más trabajos rigurosos sobre la historia política de Colombia podrían ser esclarecedores de ángulos analíticos poco resaltados.

Daniel Samper Pizano recomendó la lectura de este libro como el mejor de 2025 (en su género académico). La autora asume valientemente controvertir verdades institucionalizadas e invita a que otros profesionales de la historia se atrevan a cuestionar narrativas bien establecidas, aunque no suficientemente sustentadas. Llena de alegría que jóvenes historiadore/as e investigadore/as, desafíen proposiciones basadas en lugares comunes incontestados, por lo cual, el libro de Olga L. González es también una buena invitación a continuar el trabajo académico, con mucho sentido crítico. El debate en esta materia no está cerrado, sino que seguramente continuará.

Leticia, 8 de febrero de 2026

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Olga L. González. El presidente que no fue. La historia silenciada de Gabriel Turbay. (Bogotá: Uniandes, 2025).

Reseña de: Germán Palacio

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