Rincón Literario
Reseña: El tercer amor.
Hiromi Kawakami
Germán Palacio
MSc en Sociología Jurídica, University of Wisconsin-Madison. Doctor en Historia, Florida International University-Miami. Director del CEPAM. Último Libro: Fronteras y Horizontes de la Imaginación. Amazonia, vorágine y paraíso recuperado (2025).
Reseña de Germán Palacio, SIA (Sin Inteligencia Artificial).
Hiromi Kawakami. El tercer amor. (Bogotá: Alfaguara, 2025). Traducido por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
“La monogamia que gobierna nuestro mundo implica que una elección equivocada se traduce en infelicidad”, dice Riko, la protagonista de la novela. Su afirmación no es una simple especulación, sino el producto de haber vivido en el siglo XXI, pero también en épocas pretéritas, en dos momentos de la historia cotidiana de Japón, una más reciente, el período Edo (1603-1867) y una más antigua, en el período Heian (794-1185). Recomiendo tener en cuenta dos asuntos: primero, que lo dice una mujer contemporánea; segundo, ¿cómo hizo para vivir en esas épocas que ya son antiguas? Veamos.
Riko es una chica que, desde muy joven, casi niña, se enamora de un muchacho buen mozo, de esos que todas las chicas quieren estar con él. Él también se enamora de ella, sin dejar de tener sus devaneos amorosos. Sabe que, a quien de veras quiere es a Riko. Y eso fue cierto, inclusive después de casarse y por cierto tiempo, hasta cuando el piso se le cayó cuando él se enamoró de la hija del dueño de la compañía en que trabajaba. No obstante, se trataba de un amor difícil, sujeto a una trepada escarpada y lo sumergió en una realidad escabrosa que acabó castigándolo y poniendo en problemas su autoestima, en una sociedad que sobrevalora el trabajo y la pertenencia a una compañía. Por buen tiempo, Riko no se da cuenta de los escarceos amorosos de su cónyuge, pero no le preocupa mucho. Sabe que es a ella a quien él, de veras, quiere. Hasta cuando se empieza a agotar el amor que, como las olas, vienen y van, lo que incluye el tiempo que transcurre hasta cuando una nueva situación redefine y trastorna sus relaciones, es decir, cuando tienen un hijo.
Ante los vaivenes del des-amor, ella entra en la decepción y empieza a derrumbarse hasta cuando empieza a soñar recurrentemente. Esos sueños la rescatan de la desilusión ya que la envían a otras épocas a vivir historias que la sorprenden cuando empieza a comparar y a entender el presente con un nuevo prisma. Un ejemplo ocurre cuando sus sueños la envían a una casa de té, como se les decía antes a esos lugares que los hombres frecuentaban para saciar sus instintos, no como una experiencia burda, sino más bien refinada. Un lugar no exento de episodios en que esos hombres solitarios se enamoran de las chicas estrictamente seleccionadas y educadas para generarles placer y compensar las restricciones sociales de la época. En medio de esas circunstancias, Riko se enamora de hombres de esos tiempos, lo que le permite establecer comparaciones con su vida amorosa presente.
Reflexionar sobre esas experiencias corren a contracorriente del mito iluminista de Europa occidental que postuló que a una época oscurantista y empobrecedora de la Edad Media le siguió la modernidad iluminada que se imagina como progreso permanente. Le llaman también progresismo. Ese pensamiento que se autopostulaba como de avance civilizatorio, de desarrollo económico y progreso científico, sujeto a evolución, marchaba acompañada también de progreso moral.
Al principio las mujeres no fueron incluidas en esa evolución, pero poco a poco van ingresando y disfrutando de los avances. Como si nosotros, los habitantes de hoy en día, fuéramos moralmente superiores a nuestros antepasados. Ellas fueron incluidas con alguna lentitud, pero irreversiblemente. No lo propone la autora para implicar, de forma aristocrática y romántica, que todo pasado fue mejor, sino que lo que, en realidad ocurre no se puede pensar en blanco y negro, sino que es diverso o colorido y propone desafíos diferentes que no permiten pensar que lo actual es mejor y lo pasado era peor. Como decir que antes solo se desplegaba la represión sexual y ahora estamos recibiendo la bendición de la liberación. No tan rápido. En los sueños vívidos de sus noches de desamor, las relaciones no se sienten así cuando se transporta a otras vidas cotidianas de sociedades del pasado.
Por ejemplo, sin detallar demasiado, para evitar robarle al lector el placer de leer este libro, Riko dice, después de hacer vivido en roles distintos, es que en esas épocas “Las mujeres eran voraces con los hombres atractivos.” (Pg 231). Agrega: “Los celos actuales son distintos a los de una sociedad donde las relaciones extramaritales eran la norma, no un tabú”. Agrega que “la pérdida de un amante se circunscribía a un asunto sentimental, sin afectar cuestiones materiales”. Sin embargo, hoy en día, las rupturas “no sólo dejan tras de sí un océano de dolor, sino una montaña con todo tipo de descalabros”, particularmente económicos (Pg. 232).
Después de superar la experiencia en relación con su des-amor de infancia, empieza a enmarañarse con un personaje espiritual, mucho mayor que ella y que lo conoció en la escuela antes de que se convirtiera en un monje budista. Si bien existe encarnado en la realidad presente, se aparece entreverado en un personaje de otra época, que hace parte de sus sueños y, sin quererlo, se va convirtiendo inesperadamente en su segundo amor. Un amor, digamos menos carnal, más espiritual. Al haber vivido intensamente esos dos tipos de amores, por fin puede llegar a la situación actual que le permite figurarse que ya está lista para encontrar un tercer amor.
No he leído tanta literatura del Lejano Oriente como para poder considerarme experto en la materia y presento excusas a quienes conozcan más, si sienten que mis notas son social, cultural o históricamente superficiales o si incurren en errores. Los invito a que comenten y me corrijan, cuando así lo consideren. Sin embargo, me pasa tanto con Kawakami, como con Murakami, así como con la premio Nobel coreana, Hang Kan. Leo sus libros con asombro antropológico por la distancia espiritual o emocional de sus personajes que no se parecen a mis propios personajes conocidos del neotrópico americano o los europeos, norteamericanos o del Cono Sur con quien creo tener más historia compartida y familiaridad. En este sitio web pueden ustedes encontrar las reseñas de Hombres sin mujeres; La vegetariana y La clase de griego, por lo que les invito a leerlas si tienen curiosidad y sienten esa diferencia vivencial.
Desde mi punto de vista, si fuera editor de este libro, habría modificado un poco los capítulos dividiéndoles en 4, en vez de 3. En el estado actual, el primer capítulo ocupa más de la mitad del libro y se llama “Hace tiempo”, pero lo partiría en dos porque cubre la historia de niñez coronada con su amorío precoz con quien se convirtió en su primer esposo. Este capítulo inaugura los sueños, una vez que su relación se va derrumbando y ella se traslada oníricamente a un período pasado de la historia de Japón y debería ser el segundo capítulo. De ese modo el capítulo segundo actual que llama “Hace mucho, mucho tiempo”, sería el tercero y no el segundo, lo que le permitiría cerrar con el capítulo de la época actual, que es el tercero, llamado “Hoy en día”. Si bien esta sugerencia es un cambio formal que creo que mejoraría la estructura narrativa, lo que no tiene tacha es su forma de afrontar el tiempo, sin seguir las cronologías de la historia académica. El tiempo que se avanza puede ir hacia atrás, pero el vehículo para avanzar en un tiempo que va hacia atrás son los sueños. No necesariamente original, pero sí ¡impecable e ingenioso!.
Riko no entiende bien a su madre, anclada en un pasado que no termina de morir, pero un amigo que le gusta encontrarla y jugar con su hijo, de algún modo, ayuda a poner en claro los términos del diálogo. Les dice a las dos que Rika desprecia el trabajo de las mujeres y se refiere al trabajo doméstico y de crianza y cuidado de sus hijos, como hacía su madre (pg. 292). Se lo dice a Riko a quien le apremia salir a trabajar fuera de la casa para superar la tristeza del desamor de su primer esposo. La madre los mira perpleja. No debería usted preocuparse demasiado, le dice el amigo. Lo que pasa es que, “la generación de Riko carece de una base sólida como si pisara un terreno esponjoso” (Pg. 293). Debajo de ese suelo hay agujeros que al presionarlos se atisban cosas del pasado y del presente que les han generado una gran incertidumbre (Pg. 293). Lo cierto es que, después de haber experimentado amores profundos que han terminado, Riko no puede sacudirse de la necesidad de amar con todo su ser (pg. 309). Empieza así a sentirse lista para dejar prosperar un tercer amor.
Bogotá, 23 de octubre de 2025
Hiromi Kawakami. El tercer amor. (Bogotá: Alfaguara, 2025).
Traducido por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés.
Reseña de Germán Palacio, SIA (Sin Inteligencia Artificial).
