Rincón Literario

Reseña: El llamado del Jaguar.
Mi vida en el Amazonas
Martin von Hildebrand

Yohana Pantevis

Investigadora CEPAM

Historiadora, MSc. y Doctora en Estudios Amazónicos de la Universidad Nacional de Colombia – Sede Amazonia. Es una mujer amazonense y ha trabajado en proyectos de investigación en Historia Ambiental, Historia de la Ciencia, Ecología Política, Fronteras, Derechos Humanos y Ciencia, Tecnología e Innovación. Actualmente, se desempeña como Coordinadora de Amazonas en la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, OCHA.

Martin von Hildebrand. El llamado del Jaguar. Mi vida en el Amazonas. (Debate, 2024) Reseña de: Yohana Pantevis

Martin von Hildebrand es una figura destacada de la historia reciente de la Amazonia colombiana, reconocido defensor de los derechos territoriales indígenas, pero cuestionado por otros por sus formas de mediación e influencia en los escenarios estatales e internacionales. Desde esa ambivalencia me acerqué a este libro con el interés de recorrer su trayectoria sin intermediarios y conocer las experiencias que lo llevaron a convertirse en uno de los personajes más influyentes en la Amazonia colombiana. Hoy, el actual gobierno nombró como secretario general de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), con sede en Brasilia. 

Este libro no es una autobiografía en sentido clásico, sino un relato íntimo de una vida atravesada por la Amazonia y por preguntas existenciales sobre el destino y las decisiones circunstanciales: ¿es la vida una sucesión de elecciones individuales o la respuesta a una fuerza silenciosa que orienta nuestros pasos? El “llamado” que invoca el título de este libro recoge esa tensión entre la voluntad y el destino, que se encarna en la figura del jaguar, un animal con un importante valor espiritual y simbólico para los pueblos indígenas, asociado al poder, al conocimiento y al orden del mundo. 

El autor inicia su relato dejando entrever un rasgo central de su historia personal, su condición de extranjero permanente, que parece hallar en la Amazonia un lugar de arraigo simbólico. Su identidad se va dibujando en pequeñas pistas a lo largo del texto, como el puente que establece entre la historia del pueblo irlandés (la tierra de su madre) y la de los pueblos indígenas amazónicos, ambos atravesados por memorias de ocupación, despojo y esclavitud. Aunque son dos trayectorias históricas distantes, en su mirada dialogan y se reconocen. 

Esa conexión, sin embargo, no es sólo simbólica, Irlanda y la Amazonia colombiana comparten una figura histórica en común: Roger Casement (1864-1916), diplomático británico (nacido en Irlanda) que denunció las atrocidades de las caucherías. Resulta llamativa la ausencia de toda referencia de Casement, que parece una decisión narrativa que evita situar su experiencia y trayectoria dentro de una genealogía más amplia de mediadores extranjeros en contextos coloniales y postcoloniales, lo que habría exigido una reflexión más crítica o incómoda sobre el papel del extranjero en los procesos de denuncia, representación y defensa territorial de la Amazonia. 

El libro podría dividirse en dos grandes partes. En la primera, el autor narra su llegada a la Amazonia y el proceso íntimo y transformador mediante el cual se sumerge en el mundo indígena. Se presenta como un joven formado en arqueología y sociología en la Universidad de Dublín que, proveniente de una familia académica con redes de interlocución en Colombia, y en 1972 logra reunirse con el reconocido antropólogo Gerardo Reichel-Dolmatoff. Es este quien le sugiere orientar su investigación hacia los Tanimukas, un pueblo indígena poco estudiado por la etnografía, recomendación que marcaría el inicio de su trayectoria en la Amazonia. 

Es la etapa del joven investigador curioso, atento a las enseñanzas, a los mitos, rituales y escenas cotidianas. El autor describe las redes de afecto que va tejiendo y que le permitieron ser acogido e incorporado progresivamente a la vida comunitaria. Así, el relato no solo cuenta un viaje geográfico, sino la historia de una transformación personal y política en el corazón de la Amazonia. En estas páginas se detiene en el pensamiento amazónico como un sistema coherente y complejo y describe una cosmología basada en la interdependencia, la reciprocidad y el equilibrio con los espíritus que ordenan el mundo. La centralidad de estos temas no son elementos anecdóticos, sino que quiere hacer énfasis en que constituyen el eje central de la vida social, espiritual y territorial, e intenta acercar al lector en la comprensión de la profundidad filosófica que sustenta las prácticas y decisiones de las comunidades indígenas. 

Una de las narraciones más significativas es su participación en el ritual del Yuruparí, subrayando que es uno de los pocos hombres no indígenas que ha tenido acceso a ese espacio sagrado. En su relato, esa experiencia simboliza, una integración profunda con la comunidad que lo acogió, constituyendo una narrativa de integración progresiva, en donde los indígenas dejan de ser “informantes” para convertirse en maestros y amigos. En esta primera parte del libro combina descripciones etnográficas con un gesto particular de reciprocidad cultural, en donde el autor no solo escucha y recoge las historias de los pueblos indígenas, sino que también comparte relatos de su propia tradición (como pasajes de la mitología griega) con el propósito de establecer un intercambio simbólico que facilitaran el entendimiento mutuo. 

En la segunda parte, ese asombro inicial se transforma en compromiso. El autor deja atrás la mirada exclusivamente académica y asume un camino como activista, que él mismo describe como profundamente ligado a la defensa de la autonomía y los derechos de los pueblos indígenas. No elude el horror de las caucherías ni el desprecio de muchos comerciantes hacia los indígenas. Asimismo, aborda el papel de la Iglesia en los internados, espacios donde, bajo la premisa de civilizar y nacionalizar, niños y niñas fueron separados de sus familias en procesos que contribuyeron a la extenuación cultural. También menciona dinámicas menos visibilizadas, como el envío de mujeres jóvenes indígenas a ciudades del interior del país para trabajar como empleadas domésticas bajo la promesa de un futuro mejor. Está práctica resulta difícil de desligar de las persistentes lógicas de desarraigo, subordinación, informalidad, explotación laboral y racismo estructural. 

Von Hildebrand relata cómo, a partir de un encuentro con funcionarios del INCORA y la lectura del Convenio 107 de la OIT, comenzó a imaginar la figura del resguardo como una estrategia para garantizar la autonomía y la protección para los pueblos indígenas de la Amazonia colombiana. Este proceso, se presenta como el resultado de coincidencias y apuestas arriesgadas, exponiendo las tensiones de fondo. La noción estatal de propiedad (materializada en el resguardo) contradecía una cosmovisión indígena en que la tierra no les pertenecía solo a las personas, sino también a los espíritus y animales. Al mismo tiempo, enfrentó resistencias institucionales frente a la entrega de amplios territorios colectivos. Así, la creación de los resguardos aparece como una solución pragmática, pero no exenta de contradicciones que revelan la historia de la complejidad del ordenamiento territorial de la Amazonia. Desde mi perspectiva este es uno de los aportes más relevantes del libro. 

Para finalizar, El llamado del jaguar, es un relato testimonial que entrelaza la memoria, la reflexión y la experiencia, en donde al autor utiliza su propia vida como hilo conductor para explicar procesos históricos de mayor alcance en los que participó, preguntándose si estos fueron fruto de decisiones conscientes o de fuerzas que lo precedían. La narración está atravesada por el azar, el simbolismo y la convicción de que el cambio no amenaza necesariamente la cultura, sino que puede ser un camino para su supervivencia. En ese sentido, el libro contextualiza, enseña y acerca al lector a otras formas de comprender, vivir y pervivir en el mundo, invitándonos abrirnos a otras experiencias de relacionarnos con nuestro entorno y la vida. 

Como mujer amazónica considero que el texto merece ser leído con atención ya que gran parte de la narrativa se constituye a partir de diálogos entre hombres -funcionarios, líderes, políticos- reproduciendo una lógica masculina en la toma de decisiones. Si bien el autor ofrece destellos sobre el mundo femenino indígena, estos aparecen mediados por la presencia de su esposa y luego su madre, más que por una interlocución directa y sostenida con las mujeres indígenas como sujetas políticas. Quedan abiertas preguntas sobre las voces ausentes, las formas de liderazgo femenino y las tensiones en los roles de género dentro de los procesos de defensa territorial y autonomía cultural. 

No es un asunto menor, ya que una mujer indígena amazónica, recientemente, llegó a ocupar el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en Colombia, hecho que simboliza transformaciones profundas en la representación política y en el reconocimiento del liderazgo femenino indígena en escenarios de poder nacional. Este hito no surgió de manera espontánea, sino que respondió a trayectorias colectivas de organización y resistencia de mujeres indígenas que durante décadas han disputado espacios tradicionalmente masculinizados. Estas observaciones no disminuyen la relevancia del libro. Por el contrario, invitan a leerlo, discutirlo y situarlo en diálogo con otras voces amazónicas que hoy amplían, cuestionan y complejizan la memoria histórica de la región.

Reseña: El llamado del Jaguar. Mi vida en el Amazonas Martin von Hildebrand

Martin von Hildebrand. El llamado del Jaguar. Mi vida en el Amazonas. (Debate, 2024) Reseña de: Yohana Pantevis

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