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“Ni chicha ni limoná”: Eso no puede ser el “Centro”

Germán Palacio

Director CEPAM

MSc en Sociología Jurídica, University of Wisconsin-Madison. Doctor en Historia, Florida International University-Miami. Director del CEPAM. Último Libro: Fronteras y Horizontes de la Imaginación. Amazonia, vorágine y paraíso recuperado (2025).

"Ni chicha ni limoná": Eso no puede ser el "Centro"
Germán A. Palacio Castañeda: Director, Centro de Pensamiento Amazonias, CEPAM.

  1. Hay un personaje político muy destacado en Colombia que en las dos últimas décadas suele encarnar el así llamado Centro. Se llama Sergio Fajardo. Fue gobernador de Antioquia, una de las regiones más importantes y poderosas de Colombia. Fue también alcalde de Medellín, la segunda ciudad del país. Fue candidato presidencial por dos veces, en una de las cuales, le faltó muy poco para pasar a segunda vuelta y ganar, pronosticaban las encuestas. Es uno de los candidatos de Centro más reconocidos en la competencia electoral actual. Algunos lo recuerdan con decepción porque en una situación socio-política muy álgida en que un presidente oriundo de su región, Álvaro Uribe, hacía una política de seguridad y sin escrúpulos en materia de derechos humanos, respondió a unos periodistas que “no era ni uribista, ni antiuribista”.
  2. Era una respuesta que no tomaba partido, en una época que la neutralidad les parecía a muchos que era falta de entereza o valentía para denunciar los falsos positivos, el paramilitarismo y otras atrocidades de Estado. Fajardo no se casaba con compromisos justo cuando el expresidente Uribe contaba con una alta favorabilidad. Esa frase de Fajardo se podría traducir al lenguaje popular colombiano del siguiente modo: “No soy chicha, ni limoná”. Y, muchas veces eso parece ser el “Centro”, aunque no tiene que ser así con todos los candidatos del “Centro”. Ser de Centro no debería ser cómplice, ni neutral frente al oprobio, pensando que así se sobrevive políticamente, critican muchos. Políticamente, esa tibieza se paga caro: no siempre se puede quedar bien y, a veces, hay que ser “extremista”.
  3. No obstante, extremismo que, para este caso quiere decir entereza, es lo que menos desea el Centro. Este artículo intenta establecer si la categoría de “Centro” permite salir fácil del paso a los analistas, particularmente de televisión y redes sociales, hablando de algo etéreo, para no decir nada o decir algo totalmente vago. Cansado de no saber con algo de precisión qué quiere decir Centro, para saber por qué allí se agrupa a Fajardo, a Claudia López, a Juan Manuel Oviedo y hasta, últimamente, a Paloma Valencia me decidí cándidamente a hacer esta reflexión. Cuando avanzaba en esta pesquisa, más necesario resultaba establecer qué es la Derecha y la Izquierda, ya que el Centro es difícil de definirlo, a menos que se contraste con sus referentes direccionales. En la medida que iba avanzado en este propósito, resultó que tampoco era tan evidente el significado de Izquierda y Derecha, sin dar más explicaciones, lo que me forzó a ampliar mi esfuerzo. Empecemos entonces por establecer, por aproximaciones paulatinas, qué es el Centro.

El Juego electoral

  1. El “Centro” es, sobre todo, una posición que quisiera no ser acusada de extremista. Pretende ubicarse en un punto de equilibrio entre una posición de izquierda y de derecha. En ese sentido, no se define por sí mismo, sino por lo que no es. ¿Esa carencia de identidad propia es su naturaleza? ¿Se trata de un ¿concepto residual? Es decir ¿aquello que queda cuando ya se ha definido Izquierda y Derecha? 
  2. Hacerse esa pregunta es especialmente importante en la actualidad de la política electoral colombiana, a mes y medio de la primera ronda presidencial y dos meses de la segunda vuelta, ya que quienes se han postulado como de Centro, por ejemplo, Sergio Fajardo, Claudia López, Roy Barreras o Luis Gilberto Murillo parecen haber perdido el espacio electoral frente a una coalición liderada por Paloma Valencia, la hija política del líder de derecha ya mencionado, Uribe Vélez. El resultado de la Consulta de principios de marzo de 2026 le ha permitido hacer algunas alianzas para intentar presentarse como la líder de la centro-derecha, una forma más refinada de diluir su posición de extrema derecha y arrastrar nuevos votantes. Se trata de una táctica electoralista y no una propuesta de sustancia política. No sería tan raro: para moverse al Centro debería diluirse.
  3. Este movimiento de prestidigitación electoral se amarra a algunas justificaciones que pueden operar en el imaginario de votantes no muy bien informados. Primera, que hay un aspirante que se vende políticamente como de ultra-derecha, Abelardo de La Espriella, lo cual permite que la otra candidata, Paloma, se pueda vender de manera menos extremista. Para reforzar este propósito de moverse hacia el Centro, segunda, logró asegurar un candidato a la vicepresidencia que tuvo un éxito electoral relativo y sorpresivo, Juan D Oviedo, quien con posiciones más difíciles de identificar como de derecha se presenta como un político gay, por tanto, abanderado de la diversidad, buena onda y bien dateado, ya que fue director del DANE. Pero las contradicciones son evidentes. Una parte importante de los electores de derecha tienden a ser católicos conservadores o cristianos. Ellos defienden la familia convencional nuclear, padre, madre e hijos y se oponen radicalmente al aborto o a la diversidad sexual, lo cual hace difícil presentar esta fórmula política como libre de tensiones. Podría también probar que la coherencia no es algo definitivo en política, menos si se es de “Centro”, y que el candidato a vicepresidente de Paloma Valencia podría ganar una competencia en un torneo de camaleones. Algo normal en el mundo de la política.
  4. Para evitar el triunfo del candidato de izquierda, los medios masivos, manejados por poderosos grupos económicos (Caracol, RCN, Revista Semana), tratan de echarle un salvavidas a Paloma, con algo de éxito, presentándola como la candidata de Centro-derecha, por ende, quitándoles el oxígeno político a quienes siempre se han presentado como de Centro. Ella se llama Paloma, pero no aspira a que su nombre se asocie con la paz. Sergio Fajardo, naturalmente, protesta por este juego acomodaticio de marketing electoral alegando que para poder ser considerado de Centro hay que revisar la trayectoria y sus actuaciones como gobernante. Paloma no tiene trayectoria, ni ejecutorias de gobierno que puedan ser llamadas de centro, diría Fajardo. Esos dos elementos impedirían evitar confusiones retóricas y acrobáticas de última hora, aunque los electores normalmente no son tan juiciosos ni bien ilustrados, como aspira Fajardo.

Identidad y Alteridad

  1. Como más arriba afirmábamos, la cuestión del Centro es un concepto relativo, posicional o interactivo, por lo que se colige que no parece tener criterios que lo definan ideológicamente. Su identidad es débil. Eso permite que un partido político que es claramente de Derecha y cuyo líder absoluto e incontestable, Álvaro Uribe Vélez, se autodenomine como “Centro Democrático”. Esto quiere decir que una débil identidad no implica que ser de “Centro” sea marginal: parece inclusive que da réditos políticos y sus electores están en disputa cuando la Derecha y la Izquierda podrían estar interesados en atraer, seducir o arrastrar electores indecisos.
  2. Veamos ahora sí, qué quieren decir las categorías Derecha, Izquierda y Centro, en sí mismas consideradas y veamos si el Centro no es más que una entelequia viscosa, gelatinosa y maleable y si es verdad que, en contraste, la Derecha y la Izquierda sí tienen puntos claros, firmes e incontestables que los identifiquen.

Centro como remedio a la Polarización

  1. Una lista de características, así sean relativas, de lo que quiere decir Centro incluiría:
  • Moderación y equilibrio entre izquierda y derecha, propugnando por la estabilidad institucional.
  • Pragmatismo, por encima de principismo, que sería más propio de la derecha e izquierda.
  • Impulsor de reformas pausadas y graduales, en vez de cambios radicales.
  • Economía mixta que combina economía de mercado con intervención del Estado, pero que no parezca socialismo.
  • Defensa de la democracia, particularmente si es electoral o procedimental.
  • Preferencia por la evolución y la reforma, más que por la revolución.
  • Medianía frente a la polarización política de izquierda y derecha.
  1. Este último punto, que es retóricamente de lo más importante, precisa generar la idea de que el país está polarizado y que este es el peor problema que le impide avanzar al país. Así, el Centro puede presentarse como el remedio a la polarización y, de hecho, necesitaría los extremos para poder encontrar su espacio propio.

Derecha e izquierda: historia breve 

  1. Dicho lo anterior, podemos avanzar sobre las nociones de Izquierda y Derecha, advirtiendo que provienen históricamente del escenario político derivado de la Revolución Francesa cuando en la Asamblea Nacional a fines del siglo XVIII, los parlamentarios más radicales, defensores de la Revolución, inclusive por medios violentos, se sentaban a la izquierda y sus contradictores, a la derecha.
  2. Su origen, por tanto, no es doctrinario, sino posicional también, como el Centro. Las ideas de izquierda y de derecha han cambiado con el tiempo, pero se podría decir que mientras que la izquierda privilegia la búsqueda de justicia social o equidad y cambio social con mayor intervención estatal; la derecha prioriza la tradición como defensa del estatus-quo, la jerarquía, el orden y la seguridad.

Conservatismo y Liberalismo

  1. La derecha también se asocia a la idea del conservatismo y los conservadores han encontrado frecuentemente en un abanderado de la monarquía constitucional, Edmund Burke un expositor de sus ideas. El Partido Conservador Colombiano (fundado en 1849 por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro), se caracteriza por defender la moral cristiana, el orden, la propiedad privada, la autoridad, la familia tradicional y una estructura de Estado centralista.
  2. Del mismo modo, a mediados del siglo XIX se fundó el liberalismo en Colombia y se menciona el nombre de Ezequiel Rojas quien adhirió a José Hilario López pare convertirse en presidente de la República de la Nueva Granada, como se llamaba Colombia en esa época. La manumisión de esclavos, la separación de Iglesia y Estado, la libertad de prensa y la federalización fueron elementos importantes de esa agenda liberal. Al tiempo, la disolución de bienes comunes, la propiedad privada y la libertad individual son banderas liberales. Quizás por eso, en el liberalismo existe una ambivalencia entre una visión económica, el predominio del mercado, al tiempo que aboga por reformas sociales y se cuestiona el poder de la Iglesia que normalmente se asociaba a propuestas conservadoras.
  3. Así, en el siglo XIX se solían contrastar las ideologías conservadoras con las liberales y se hablaba de ese modo más que de izquierda y derecha. Estas contraposiciones forjaron, en buena medida la nacionalidad colombiana, hasta cuando, con el Frente Nacional, en la segunda parte del siglo XX, poco a poco se diluyeron sus contrastes, aunque sus partidos sobreviven políticamente, pero no de manera mayoritaria.
  4. No en todos los lugares ser liberal o conservador quiere decir lo mismo, habría que aclarar. Hoy en día, en Estados Unidos, decir liberal (demócrata) se suele asociar con Izquierda y republicano con Derecha. Algo similar pasó en Colombia, en la década de 1930 cuando los liberales impulsaron importantes reformas sociales. Esa es la ambivalencia que señalaba más arriba.

Izquierda y Derecha del siglo XX

  1. De este modo, los liberales propusieron cambios sociales paulatinos y acumulativos. Esas posiciones progresistas se contrastaron en la primera parte del siglo XX con posiciones revolucionarias que se enfocaban en la necesidad de cambios rápidos, eventualmente violentos. Su correlato sintético sería la dualidad Reforma o Revolución. Curiosa o anacrónicamente, la izquierda liderada por el presidente Petro le gusta llamarse progresista, por eso, decir que Petro es de extrema Izquierda es algo difícil de sustentar. Más bien puede significar que la ideología conservadora ha sido tan fuerte y las elites conservadoras-liberales han sido tan resilientes en Colombia que Petro les parece extremista. Hemos descubierto elementos identitarios de la Izquierda y la Derecha, pero también su origen posicional. Igual, Derecha e Izquierda también han evolucionado, por lo que su identidad se ha modificado o matizado con esos cambios en el transcurso del tiempo.
  2. Así, se puede decir que la izquierda tendía a ser revolucionaria, pero esa faceta hoy es vista como de extrema Izquierda. Su referente principal se asociaba al proletariado o la clase obrera, por lo que solía tener una agenda de equidad social que consideraba que los capitalistas eran el enemigo de clase del proletariado. Hoy ya no se habla exactamente así, aunque en algunos casos haya ecos de este discurso.
  1. Desde fines del siglo XIX y en el siglo XX, por la influencia soviética, la extrema Izquierda postuló la superación del capitalismo a través de la instauración de la dictadura del proletariado. Por eso también se suele decir que extrema Izquierda y Derecha son polos que se juntan, cuando la Derecha toma posturas dictatoriales o militaristas, y la Izquierda no se queda atrás con su Dictadura del proletariado. Estos imaginarios dejaron de fascinar, en el caso de la Derecha, con la derrota de la Alemania nazi y la Italia fascista. La Derecha, sin embargo, no sucumbió sino sobrevivió de bajo perfil, como en el macartismo de post-guerra de los Estados Unidos, cuando las elites del complejo militar-industrial triunfante escogieron su nuevo peor enemigo en la Unión Soviética. Convenientente, dejaron sobrevivir a la España franquista, tan seductora para los conservadores colombianos. Bajo la misma lógica, avanzada la segunda parte del siglo XX, la Derecha se renovó y sobrevivió con las dictaduras militares de Brasil y el Cono Sur, apoyados por los Estados Unidos por un buen tiempo, saboteando o eliminando las posibilidades de experimentos de Izquierda democrática como en el caso del Chile de Allende y convirtiendo a Augusto Pinochet en pionero del neoliberalismo, la nueva abanderada de la derecha. Neoliberalismo es el nombre del neoconservatismo.
  1. Con la derrota de la extrema derecha europea, en la postguerra se construyó un cierto consenso, que hacía que partidos de Derecha, tipo democracia cristiana y partidos de Izquierda, socialdemócratas, implementaran políticas públicas que hacían que sus diferencias fueran sólo un asunto de énfasis, más que diferencias de principios. Ese consenso, no tanto basado en un partido sino en una especie de sentido común sociopolítico y económico entre Izquierda y Derecha, tal vez es lo que se podría llamar Centro en Europa de la postguerra.
  1. Volviendo a Colombia de la segunda parte del siglo XX, el imaginario de una guerrilla confrontadora de las injusticias de sociedades oligárquicas, enfrentaba a gobiernos liberales-conservadores (frentenacionalistas) cobijados por el mecanismo de Estado de Sitio. Esas guerrillas coparon la imaginación de lo que significaba Izquierda, alentada por el éxito de las guerrillas en Cuba, sofocando a la izquierda democrática, quien electoralmente era insignificante. Y le costaba crecer. Internacionalmente, la lucha guerrillera perdió su horizonte cuando se cerró la Guerra Fría en la última década del siglo XX, así el símbolo de la Cuba revolucionaria subsistiera como resistencia al imperialismo. Empezaba a reducirse el espacio político de la lucha guerrillera y a ampliarse las posibilidades de la izquierda democrática. La decisión de las FARC a fines de los 80s, después del genocidio de la UP, de privilegiar su estrategia militar sobre la política, ayudó a extraviar el rumbo, sin dejar crecer a la izquierda.

Izquierda del cambio de siglo

  1. Por eso, en Colombia, hasta que la guerrilla más poderosa y, hasta entonces duradera, las FARC, no hizo los Acuerdos de Paz, la Izquierda legal no tuvo espacio electoral significativo, ni podía ser alternativa y la Derecha aprovechaba bien esa circunstancia. En ese proceso de décadas, la Izquierda se fue transformando: de abstencionista, empezó a entender que la sociedad en su conjunto ofrecía espacios, al principio a nivel local y departamental, por lo que empezó a participar más activamente en elecciones con algo de éxito. De ser muy crítica de la democracia entendió que la democracia y los derechos humanos eran un espacio ambivalente, manejado hipócritamente por el poder hegemónico de los Estados Unidos, pero entendió que podía haber fisuras y se comprometió con estas causas hasta cuando las hizo propias. La protesta social y el manejo represivo del gobierno de Duque combinado con algo inesperado, la pandemia, abrió el espacio para que un gobierno de izquierda obtuviera el triunfo liderado por Gustavo Petro, heredero de una guerrilla no ortodoxa como el M-19 cuya reivindicación inicial fue la defensa de las elecciones robadas por la oligarquía bipartidista que gobernaba a Colombia.
  1. En ese contexto (y sin él no) es posible entender bien, al candidato de la izquierda que aspira a suceder a Petro. Es de Izquierda, pero de una Izquierda que le dijo adiós a la lucha guerrillera, que ha trabajado toda la vida en el campo de los derechos humanos y la defensa de la democracia y que ha enfrentado con algo de éxito al gran líder de la extrema Derecha colombiana, Alvaro Uribe. Por eso Cepeda no es de extrema Izquierda, como le gustaría seguir jugando a los que han dominado el sistema político colombiano, por más de un siglo. Es de Izquierda del cambio de siglo, afín a la Constitución de 1991, que ha variado porque no sólo defiende la democracia, no solo la formal y procedimental sino la sustantiva que busca la equidad. Porque su lucha por la defensa de los derechos humanos la ha ampliado desde los derechos políticos hacia los económico-sociales, culturales y ambientales. No sólo porque defiende los derechos de los trabajadores, como en la izquierda ortodoxa del siglo XX, sino porque ha incorporado las reivindicaciones de otros grupos sociales tales como los urbanos, los campesinos y los derivados de las diversidades étinicas y de género, entre otros nuevos movimientos sociales.
  1. Se puede no compartir las ideas de Iván Cepeda, pero no se lo puede acusar, seriamente, de ser de extrema Izquierda. Eso lo suele hacer la Derecha y sus medios de comunicación, pero el “Centro” que, no es que se aleje de los extremos, es que requiere extremos para poder existir, por lo que le conviene la polarización. Piensa que esta acusación posicional al candidato que encabeza las encuestas, Cepeda, le puede dar dividendos electorales. No se anticipó que la candidata de Álvaro Uribe se movería mediáticamente hacia el Centro ganándoles el espacio.
  1. A la Derecha, también le afectaba el dinamismo de los acontecimientos. De hecho, por ejemplo, en muchos países latinoamericanos, la Iglesia Católica perdió poder e influencia, pero empezaron a copar ese vacío otras Iglesias, cristianos, evangélicos con matices, pelambres y curiosidades diferenciadas. La defensa de la familia nuclear y, eventualmente, la recuperación del patriarcalismo, el rechazo a las ideas del poder de la mujer sobre su cuerpo y la prohibición del aborto, el desprecio por las diferencias sexuales que cuestionaban los sistemas binarios, empezaron a hacer parte de la agenda de Derecha, ya no ligada al patriarcalismo conservador de grandes hacendados, un imaginario social que ha cambiado por la transformación económica, cultural y la globalización. Pero la política neoliberal fue la clave para entender el resurgimiento de la Derecha, por bastante tiempo.

La construcción de nuevos enemigos y el Castro-Chavismo

  1. Ese neoliberalismo arranca en el Chile de Pinochet pero se va expandiendo en América Latina, asociado a lo que se conoce como el Consenso de Washington. Pero en el caso de Venezuela y sus inmensos recursos petroleros, combinados con un sistema corrupto y elitista de tipo “miamero” ve asombrado el surgimiento de un líder carismático, Chávez, quien promete voltear la torta económica y social. Doctrinariamente considera que sus elites hacen parte del imperialismo yanqui. Como nuestro tema no es Venezuela sino Colombia e Independientemente de la valoración política sobre Hugo Chávez y su sucesor Maduro, la Derecha intenta deslegitimar a la izquierda colombiana en general, tildándola de Castro-Chavista. Sin embargo, en la medida que un presidente salido de las entrañas del uribismo, pero con vuelo propio, por trayectoria y estrategia, Juan Manuel Santos, se empeñó en una salida negociada para Colombia después de tanta y tan larga guerra decide, al tiempo que gradúa a Chávez como su mejor nuevo amigo, debilita el nuevo mejor enemigo del uribismo: el castrochavismo.
  2. La Derecha agitó esta bandera en elecciones anteriores, incluida en la que resultó victorioso en 2022 el presidente Petro. Éste tuvo la habilidad suficiente para no “darle papaya” a la derecha, ante los desafueros antidemocráticos de Nicolas Maduro y aliados, de modo que, frente al fraude electoral, pero sin cortar completamente los lazos con Venezuela, error que sí cometió su antecesor Duque, no reconoció oficialmente la pretendida victoria electoral de Maduro. La suerte de Venezuela está orgánicamente conectada con Colombia y no deja de ser una papa caliente que los candidatos políticos tienen que lidiar. Digámoslo de algún modo: el presidente Petro y sus asesores (entre ellos su excanciller Gilberto Murillo que juega en el Centro) han manejado este tema controversial con una posición exitosa, digamos, de Centro y pragmática.

La polarización no es problema, es claridad.

  1. Esto nos lleva a una conclusión provisional: que el Centro es una posición que no es fuerte desde el punto de vista de su identidad, sino que lo es porque es interactiva. Requiere de la polarización entre Izquierda y la Derecha. Más que definirse por identidad, se define por alteridad, para lograr distanciarse de los extremos. Pero las posiciones de Centro, pragmáticas, diplomáticas y calculadas pueden ser exitosas y necesarias en ciertas circunstancias.
  2. Aparentemente, la Derecha y la Izquierda tienen una identidad más fuerte e inmodificable, pero esto no es del todo así. En este sentido, Derecha e Izquierda, son dinámicas e históricas, pero no en función del Centro. Son también posicionales, como el Centro. Si la Izquierda y la Derecha reflejan posiciones que se observan desde el Centro como polarización, esto puede ser bienvenido. El Centro intenta volver esta circunstancia en algo negativo. El verdadero problema sería otro, como se mencionó más arriba.

Pateando el tablero

  1. La confusión se podía ir aclarando, como se ha intentado en estas notas. Pero todo empezó a cambiar súbitamente desde un lugar que había garantizado algo de estabilidad. Con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos en el ominoso 2016 (junto con el Brexit y la derrota del plebiscito por la paz en Colombia) se empezó a socavar el sentido común político mundial. Pero todo sucumbió con la segunda elección de D.J. Trump en los Estados Unidos a fines de 2024. El país más poderoso del mundo, acosado por el desafío chino y por sentirse en el umbral del fin del unilateralismo decidió patear el tablero mundial y lo que era una Derecha republicana respetable, voló por los aires, probando que “todo lo sólido flota en el aire” y que ni siquiera la democracia en Estados Unidos está libre de perecer. Unos “revolucionarios” de derecha, se conocen como MAGA (Make America Great Again) tienen una base sólida en el supremacismo blanco, el nacionalismo cristiano, la recuperación de unos valores occidentales civilizatorios, desprecian la democracia y los derechos humanos y utilizan el gangsterismo imperial como lógica de acción, renovando la decimonónica Doctrina Monroe.
  2. Trump acabó con el Acuerdo de París, hizo superfluas las COP de Cambio Climático y, en general, “mandó pa´l carajo” las preocupaciones climáticas. En contraste, Petro, quien planteaba con buenas razones la necesidad de la transición energética, empezó a portarse como si fuera el Presidente de la Humanidad y profeta del catastrofismo climático y no el Presidente de un país cuyas finanzas se basan en buena medida en hidrocarburos, que podrían, precisamente ser la base para hacer cambios sociales y apuntalar la transición energética. Esta situación podría hacer pensar a algunos que los temas ambientales son banderas de originales de la izquierda. Eso no es así, pero este artículo no da para presentar esta explicación.

Ideas para seguir trabajando:

  1. Aquellos que pretenden tener alternativas a políticas y políticos de lo que llaman Derecha e Izquierda tienen una aspiración legítima. No obstante, autodefinirse de Centro y pretender que el problema es la polarización no nos permite más que generar nebulosas dificultades. Superar esta confusión podría ser un buen camino, cuando sabemos con mayor precisión qué es lo que proponen los candidatos de Centro, no tanto porque están colocados en el Centro, sino por lo que proponen en concreto.
  • La polarización no es el problema si posiciones e ideologías contrastantes se ven como alternativas que ofrecen opciones y claridad, lo cual es bueno.
  • En periodos electorales, la polarización se escala fácilmente a pugnacidad. La pugnacidad se aproxima a belicosidad. Pero la pregunta continúa: ¿Por qué conformarse sólo con dos opciones? El Centro que dice poco y se refiere a lo que no es Izquierda ni Derecha, debe tener propuestas propias, armar terceras y cuartas vías: proporcionar alternativas.
  • Lo problemático del gobierno de Petro puede no ser que sea de Izquierda, sino que su tipo de gobierno y liderazgo con sorpresas inusitadas que convierten su gobierno en campaña política permanente; olvido de su propio Plan de Desarrollo; manejo irrespetuoso de la relación con su equipo y colaboradores; comentarios pendencieros o paranoicos e irresponsables pueden ser el problema, sin contar con aspectos asociados a corrupción y nombramientos más que controversiales, inexplicables para sus propios partidarios que exigen Interpretes autorizados para entender lo que pasa. Todos los gobiernos anteriores han sido salpicados por corrupción, pero el problema de ser de izquierda es aspirar a más, a no repetir las malas prácticas. El primer gobierno de Izquierda no podía esperar que la Derecha fuera compasiva, sino pugnaz.
  • En muchos aspectos, el gobierno de Petro nos muestra el camino correcto para cambiar a Colombia y trazar un mejor futuro. La forma de gobernar, no necesariamente. A algunos, como a Margarita Rosa de Francisco, las salidas rocambolescas de Petro le parecen signos de inteligencia; para otros, como para mi amigo, Jorge Pulecio, de audacia política. Es cierto que, a veces, Petro cae parado, si no se cuentan las bajas producidas por el fuego amigo. A otros de Izquierda, no nos parece y no se necesita ser de Centro para discrepar.
  • Entre la Derecha y la Izquierda, el Centro podría proponer consensos y nuevas ideas que ayuden a construir un sentido común y le den rumbo al país. Pero eso se hace proponiendo ideas, generando los consensos, con egos desmesurados y no simplemente ubicándose en un lugar en el medio que no les ofrezca claridad a los votantes.
  • Lo desafortunado en una democracia es convertir en enemistad las discrepancias y renunciar a los mecanismos que los humanos han inventado para resolver sus conflictos remplazándolos por medios el uso de las armas. Nada impide trabajar con los que no estamos de acuerdo en todo, pero tampoco buscar consensos cuando la causa lo amerita. Estar abierto a las buenas propuestas de los demás, es una virtud, no un defecto, ni falta de criterio.
  • El “Centro” no puede seguir aspirando a que voten por él sin propuestas atractivas. ¿Por qué les es tan difícil hacer alianzas?
  • Existen factores externos que tienden a romper los consensos y que no están ni estarán bajo la gobernabilidad de quien gane la presidencia, lo que no impide generar consensos para afrontar los desafíos: el más grave es la política gansteril de los Estados Unidos que en su apuesta por retomar la Doctrina Monroe, hoy actualizada como Donroe, manipulando a su antojo y conveniencia el tema internacional de la acumulación ilegal, particularmente, del narcotráfico, será uno de los desafíos más graves que cualquier presidente de Colombia tiene que afrontar. La candidata de derecha que quiere vestirse un poquito de Centro ya pidió que nos incluyan en la política imperial neo-feudal de renovación de la servidumbre en el hemisferio americano, arrodillándonos y colocándonos del lado de la motosierra de Milei de Argentina o de la belleza estética de presos en camisetas blancas y saturados de tatuajes de Bukele en las prisiones de El Salvador. No gracias, nos han invitado a mejores programas. La Izquierda cree tenerla clara. ¿Qué dice el Centro? Si no dicen nada para no parecer extremos, merecen su suerte.

Leticia, 13 de Abril de 2026.

Ganador, Fallas, Valencia, 2024

Ganador, Fallas, Valencia, 2024.

Foto: José Bravo

 

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