Sesión inaugural: La Paz No Tiene Tregua. Aproximaciones críticas al informe de la Comisión de la verdad

Diplomado LA PAZ NO TIENE TREGUA: Aproximaciones Críticas al Informe de la Comisión de la Verdad

El pasado viernes 26 de agosto, tuvo lugar la sesión inaugural del diplomado La paz no tiene tregua, ejercicio de reflexión sobre los aportes del Informe de la Comisión de la Verdad que el Centro de Pensamiento Amazonias, CEPAM, junto con el Centro de Pensamiento Pluralizar la Paz y otras organizaciones e instituciones diseñó para este segundo semestre del 2022.

La sesión se desarrolló en formato híbrido, en vivo, desde el aula Virginia Gutiérrez del edificio de posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia y fue transmitida virtualmente desde la plataforma YouTube de la UNAL, Sede Amazonia, lo que permitió que muchas personas situadas en diversos lugares del territorio nacional, así como de fuera del país, pudieran conectarse y asistir.

Los saludos protocolarios estuvieron a cargo del director de la Sede Amazonia de la Universidad Nacional de Colombia, el profesor Germán Ochoa, la profesora Nubia Ruíz, Vicedecana de Investigación y Extensión de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia de la Sede Bogotá, el profesor Germán Palacio, Director del Centro de Pensamiento Amazonias -CEPAM- de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Amazonia y el profesor Francisco Ortega, Director del Centro de Pensamiento Pluralizar la Paz de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.

Cado uno de los participantes destacó la importancia del diplomado en el quehacer intelectual y relacional de la vida universitaria, en cuanto permite la lectura, discusión y debate colectivo del informe de la Comisión de la Verdad, con proyecciones en el ámbito investigativo y de extensión a través de actividades que fortalezcan las reflexiones acerca de las culturas y prácticas de paz en la sociedad colombiana.

Los coordinadores generales del diplomado, Salima Cure y John Jairo Cárdenas, invitaron a los participantes a asumir el diplomado como un viaje, un viaje, que, de acuerdo con el escritor Henry Miller, su destino no es necesariamente “un lugar específico, sino nuevas formas de ver las cosas”.

El primer conversatorio, dedicado a la cuestión de la Paz Total, desde la sugerente premisa que da nombre al diplomado, o bien, que la paz no tiene tregua, reunió a los investigadores Jonh Jairo Cárdenas, Germán Palacio y Hernando Maldonado.

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Foto: María Teresa Ureña.

En su presentación, Cárdenas afirmó la importancia de la disputa por los sentidos como praxis necesaria para fortalecer el camino hacia la paz total, constituido a partir de mejores convivencias, transformación de los conflictos y el habitar la diversidad que somos, sin que eso implique la anulación del otro, o de los otros.

Palacio, retomando el planteamiento expuesto por John, insistió en que, si bien no se trataba de acoger el informe como un texto contenedor de verdades dogmáticas, si es importante asumir que no hay verdades neutrales. Esto es, que, si bien se puede discutir alrededor de los sentidos y significados sobre los hechos acaecidos, no podemos pasar por alto lo que el mismo informe de la Comisión demostró en sus hallazgos, y es la dimensión trágica del conflicto armado en el país y la fragilidad de la democracia colombiana a la hora de garantizar derechos.

Germán Palacio manifestó su escepticismo frente a la aseveración de la paz total, en cuanto no cree que la paz no es un destino, sino más bien un trayecto, y en cuanto tal, implica menos optimismos exagerados y más capacidades de percibir lo extraordinario en lo ordinario. En procesos constantes y cotidianos que se sustentan precisamente en la idea de que la paz no tiene tregua, generando diversas formas de re-existencias a lo largo y ancho del país.

La intervención de Maldonado coincidió con las de Palacio y Cárdenas en subrayar que la paz, incluso esa llamada, paz total, no es un fin, sino un horizonte que incluye hacer pactos y negociaciones no sólo con actores armados, sino con el conjunto de la sociedad colombiana. Algo muy significativo, de lo enunciado por Maldonado, fue señalar cómo la creación del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, del cual la JEP y la Comisión hacen parte, ha permitido al país interrogarse sobre nuevos sentidos de justicia. Por lo que, el modelo de justicia restaurativa y transicional aplicado por la JEP a guerrilleros, paramilitares y otros sujetos armados, debería extenderse a toda la sociedad colombiana con el ánimo de insistir en la reconciliación, lejos de los enfoques de agresión y supresión de conflictos. Para Maldonado, ese es un modo de transitar hacia la llamada paz total.

El segundo conversatorio se dedicó a la idea del informe de la Comisión de la Verdad como legado y sobre cómo la Universidad podría relacionarse con éste. Alrededor del tema conversaron la comisionada Alejandra Miller y los profesores Marco Romero y Alejandro Mojica.

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Foto: María Teresa Ureña.

La comisionada Miller quiso iniciar su intervención recalcando que la Comisión de la Verdad, en la producción de su informe, recogió el trabajo realizado por el Centro de Memoria Histórica, así como por diversas organizaciones y colectivos sociales en la documentación y comprensión del conflicto armado colombiano. Un reconocimiento importante para quienes desde diversos ámbitos han trabajado sobre la guerra en Colombia, aportando interesantes reflexiones sobre el pasado y proyecciones para un devenir diferente.

Miller subrayó cómo el conflicto ha permeado nuestra cultura, cómo se ha recreado en ella, en la producción de un lenguaje que estigmatiza y normaliza, en valores del todo vale, en relaciones de desconfianza y sospecha de lo diverso, y que es justo ahí, donde la universidad y la educación en general, tienen un rol transformador fundamental, contrastando esas violencias estructurales a las que nos hemos tristemente habituado. La Universidad, especialmente la Pública, debe verse y evaluarse como ese sujeto colectivo de reparación que le fue reconocido por la Comisión y activar mecanismos que le permitan a los sujetos que la componen y a los conocimientos en su interior producidos no ser nuevamente centro de ataques, estigmatizaciones y silenciamientos.

El profesor Marco, insistió a su vez, que la Universidad debería concentrarse en recoger las recomendaciones formuladas por la Comisión en su informe final, abordándolas tanto desde la investigación, como desde la formación y la extensión desde una postura reflexiva que ayude a profundizar el pasado en la búsqueda de una reparación transformadora. La sugerencia que Romero le hace a la universidad se relaciona sobre todo con el temor de que tendencias negacionistas del informe sigan creciendo en el país, como ya se percibe en las declaraciones de ciertos exponentes de la derecha colombiana, o, que se caiga en el peligro de constituir verdades estatalizadas.

Finalmente, el profesor Alejandro Mojica, subrayó que el informe es ante todo un importantísimo legado de información recolectada, necesaria para la comprensión del conflicto armado colombiano, así como para incentivar y fortalecer la praxis del diálogo. Esa es la principal posición que la universidad debe asumir en ese proceso, fomentando lecturas críticas, más investigaciones y activando diversas formaciones que además tengan el poder de estremecer, sensibilizar y abrazar la verdad. 

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