Reseña «Paraíso» Abdulrazak Gurnah

Germán Palacio

Abogado e historiador. Doctor en Historia de Florida International University. Profesor e investigador de la Universidad Nacional de Colombia Sede Amazonia.

Director CEPAM

Paraíso. Abdulrazak Gurnah. Penguin Random House Grupo Editorial, 2021, Bogotá.

Esta primera novela de Abdulrazak Gurnah, quien recibió el Premio Nobel en 2021, es una historia de frontera que tiene lugar en la parte continental de la colonia alemana de África Oriental, en lo que hoy es Tanzania y Zanzíbar. Desde el punto de vista temporal, se desarrolla en los prolegómenos de la primera guerra mundial en un territorio en disputa entre británicos y alemanes, dentro de una época conocida como la “rapiña por África” que tuvo lugar en los 30 años que dan la vuelta del siglo XIX al siglo XX, hasta la confrontación imperial europea que se expandió por buena parte del planeta.

Precisamente Gurnah es originario de Zanzíbar, aunque su vida profesional la ha desarrollado, en buena medida, en Inglaterra. Zanzíbar, conocida como isla de las especias, rica en nuez moscada, canela y pimienta, queda localizada al frente de la costa de la actual Tanzania y fue erigida como un centro de comercio, incluidos esclavos, de mercaderes árabes. Los portugueses lograron su control, después de los viajes de Vasco da Gama durante la primera parte del siglo XVI, pero luego comerciantes persas se apoderaron de ella, hasta que fueron desalojados por árabes del sultanato de Omán. En 1856, se declaró independiente y se convirtió en un protectorado británico en 1856. Zanzíbar es un nombre que está incrustado en nuestra imaginación literaria juvenil, gracias quizás a los libros de viajes de Julio Verne, siendo Zanzíbar, Samarkanda y Tumbuktú, algunos de los sitios misteriosos y fascinantes que perduran en mis recuerdos. De paso, Zanzíbar es el lugar de nacimiento de Freddy Mercury, el famoso cantante del grupo Queen, y hoy en día hace parte de Tanzania, pero tiene autonomía política y administrativa.    

El punto es que Zanzíbar nos permite entender un poco el carácter disputado de frontera del territorio donde se despliega la novela. Mi énfasis en la idea de frontera se refiere tanto a la noción de límite internacional, pero, sobre todo, a la de frontera de la expansión de civilizaciones extranjeras, árabes, persas y europeos sobre territorios africanos.

Con este contexto es más fácil encontrarle sentido a las vicisitudes de Yusuf, el joven protagonista de la novela, cedido como esclavo por sus padres, pobres comerciantes y endeudados habitantes de la montaña, y otros cuasi huérfanos que hacen parte integral de la historia. A primera vista, se podría pensar, como en la teoría de la Dependencia, que se trata de una historia de denuncia de las arbitrariedades coloniales de europeos, ingleses, y, sobre todo, alemanes, pero mirado con detalle, es una historia mucho más compleja, la de unos territorios con rasgos que anteceden al colonialismo europeo, se funden con él, pero atraviesan una acelerada transición.

Las historias de “frontera” suelen enmarcarse en formulaciones culturales de la lucha de la civilización contra la barbarie y el salvajismo, pero en este caso, sería demasiado simplificado y descuidado históricamente si lo reducimos a la imposición europea. En realidad, existen fuerzas civilizadoras que anteceden a los europeos, las cuales son inicialmente, portugueses; pero luego árabes o persas asociados al islam y al comercio. El poder entonces es fragmentado y no puede ser monolítico de arriba a abajo.  En la novela se encuentran poblados nativos con gobernantes que suelen exigir tributos para dar permiso para atravesar sus territorios. Así, los dilemas civilizatorios no son simplemente culturales o religiosos sino implican otros ámbitos que van más allá de la cultura islámica. Primero, de carácter comercial, ya que los invasores europeos, en este caso alemanes, están interesados en suprimir tributos que entorpecen el comercio libre, una especie de situación medieval o de fragmentación previa al Estado-Nación que construye teóricamente un mercado interno. Esta fragmentación con peajes e impuestos la experimenta el venerable comerciante tío Azis quien tiene que vivirla en carne propia.

Segundo, la abolición de la esclavitud, que es parte del consenso europeo del desarrollo del capitalismo de fin de siglo XIX y que cruza la novela. Tercero, la importancia de nuevas mercaderías que ponen en peligro la fauna local, como es el caso del marfil que se suma a los productos que son apetecidos comercialmente. Finalmente, la construcción de un Estado imperial que, a falta de un Estado Nacional, aspira a imponer el monopolio legítimo de la fuerza física sobre el territorio, donde las fuerzas alemanas juegan un papel central en esta construcción política.

Puede decirse también que Paraíso es una novela de viajes, pero ya no de europeos por tierras extrañas, sino de lugareños comerciantes de la costa oriental de África por tierras bizarras, de cierto modo. Si bien la civilización se asienta en la costa, al menos en la novela, siendo famosa la ciudad de Daar El Salam y Mombasa, en la Kenya actual, los recorridos de comerciantes temerarios incluyen la visita a montañas, el Kilimanjaro, el más alto de África y a los grandes lagos, incluidos el Tangañika y el Victoria. Evidentemente, Tanzania es un espléndido escenario de viajes y actualmente el turismo es uno de los renglones económicos más rentables con sus extraordinarios Parques Nacionales Naturales y el despliegue de su megafauna. En efecto, elefantes, leones, hipopótamos, cebras, jirafas y chimpancés fascinaron a la aristocracia europea, lo que se reflejó en su heráldica, quienes se regodearon con sus safaris, una palabra swahili, que sustituyeron sus comparativamente pequeños cotos de caza ingleses en los parques naturales de África subsaharina. Pero estos animales no fueron quienes le produjeron escalofriantes pesadillas a nuestro héroe ingenuo y montañez Yusuf, sino perros salvajes y hienas que no lo dejaban dormir.

 Yusuf, fue entregado como esclavo al venerable comerciante Aziz, a mi parecer una esclavitud más sutil que la desarrollada en el Nuevo Mundo por los europeos en haciendas azucareras, algodoneras y de otro tipo. Bajo su mando, Yusuf realiza dos viajes, el primero, más fácil y exploratorio, pero el segundo, una verdadera calamidad y catástrofe comercial.

 Si bien son usuales los contrastes entre sociedades tradicionales con las modernas, en Paraíso se presentan una serie de elementos que no son reductibles a estas metáforas socioculturales. La ciudad, el comercio y el Islam son los elementos civilizatorios más importantes previos a la llegada de los europeos. Sin embargo, la novela nos describe una época de desorden que mis escasos conocimientos sobre la historia de África no me permiten evaluar si es nueva, pero que muestra elementos no tan esperables en las nociones convencionales de sociedades tradicionales. No me refiero sólo a la gran preocupación y dedicación de los padres orientada a dejar bien casados a sus hijos, hombres y mujeres, sino a la recurrencia de pagar deudas con humanos, – para eso también sirven los hijos-, y también a lo endémico de apetitos homosexuales de una población que, en algunos casos, parece errante.

La rapiña de África por parte de los europeos a fines del siglo XIX implica un desplazamiento de las elites árabes, la presencia de opulentos comerciantes griegos e indios y la llegada de nuevos y poderosos jugadores europeos que pretenden apropiarse de las riquezas y de la tierra, con base en una apabullante superioridad militar, y de un ethos de disciplina implacable, reputación que bien se ganan los alemanes, por lo que son percibidos como una gente entre blanca y colorada por el sol del serengueti, pero  implacable en materia de aplicación de castigos. La llegada de la Primera Guerra Mundial y la confrontación entre alemanes y británicos va a poner fin no sólo a la novela sino a una época.

Yusuf, que es casi un niño al comienzo de la novela, va creciendo y se va convirtiendo en un hombre apuesto, pero con aire ingenuo y angelical. En ese tránsito es apetecido por mujeres mayores que se derriten con su presencia y aire pueril e inocente y a veces por algunos hombres. Un paso importante en su crecimiento es aprender a leer y escribir, pero, sobre todo, a leer El Corán, absolutamente necesario para salvar su alma, dejar de ser pagano, comportarse como Dios manda, orar y guardar el ayuno en las fiestas del Ramadán, aprender del comercio y preparase para conseguir mujer. Su mayor alegría y deleite es cuidar del jardín y aprender del jardinero, el viejo Mzee Hamdani, y comprobar que el paraíso sí puede tener un lugar en la Tierra, a pesar de las imprudencias que nuestros más ancestrales progenitores hicieron que Dios expulsara a los humanos del Jardín del Edén. Al final, ni el Jardín, ni una atracción intensa por Amina impedirán que se marche a cualquier lugar incierto, revuelto y en desorden, detrás de los ejércitos alemanes, retomando su experiencia comercial por esos territorios, aunque quizás quisiéramos creer que, no lo sabemos de cierto, y no es tan fácil suponerlo, de su propia libertad.

Paraíso Abdulrazak Gurnah
Paraíso. Abdulrazak Gurnah. Penguin Random House Grupo Editorial, 2021, Bogotá.

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