Salud y ciencias de la vida en la Amazonia

Johanna Goncalves

Johanna Gonçalves

Médica, antropóloga y epidemióloga, realizó su doctorado en Antropología Social en la Universidad de Cambridge, con un MSc en Control de Enfermedades del Instituto de Medicina Tropical en Antwerp.

Investigadora del CEPAM

La salud y la enfermedad son claramente temas de interés general. Pero uno de los riesgos de una universalización antropocéntrica[1] del proceso entre salud y enfermedad es el de suponer que las preocupaciones en torno a estos dos conceptos son similares para todos los grupos humanos, o que pueden ser abordadas en una única política pública homogeneizante.

Existen múltiples formas de concebir el estado de bienestar que llamamos salud y las formas de infortunio que llamamos enfermedad, especialmente cuando nos referimos a la salud en la Amazonia.

Salud suele presentarse como una situación exenta de enfermedad. Salud también es un concepto que se emplea frecuentemente para hablar de cierta forma de bienestar, pero, para pobladores amazónicos también tiene varios otros significados desde sus propios modos de vida.

rio amazonas con gente
Foto: Harrison Calderón.

La salud para la oms

El concepto de salud que propone la Organización Mundial de la Salud (OMS) se reconoce como un concepto ‘amplio’, puesto que incluye ‘no solo la ausencia de enfermedad, sino el bienestar bio-psico-social’. Pero incluso en esta formulación existe ya un sesgo cultural sobre la relación entre el cuerpo (bio) y lo mental (psico) y colectivo (social).

En el concepto de salud de la OMS no se incluyen nociones espaciales. Por lo tanto el territorio, es decir, el espacio donde se da tal condición de salud y las relaciones con otros seres vivos, no es tenido en cuenta.

Aunque el concepto de salud de la OMS pareciera abrirse a otras formas de infortunio que para muchos indígenas son expresiones de enfermedad, tales como la falta de sustento económico en situaciones de urbanización o la violencia, en la práctica sigue siendo un concepto naturalista en el que predomina la biología de la enfermedad y en el que lo mental y social son más bien contextos o factores determinantes.

Podemos comprobar que se invierten más recursos del sistema de salud en curar y reestablecer la ausencia de enfermedad a través de intervenciones médicas sobre individuos, que en pensar en estrategias de orden social y territorial para lograr condiciones de bienestar colectivo y ambiental. La concepción predominante desde la biomedicina es la de un cuerpo biológico, que se cura con tecnologías también de orden biológico.

para los pueblos indígenas ¿Qué significa la salud en la amazonia?

maloka indigena

Para muchos indígenas amazónicos, y así lo afirman abuelos y sabedores, el concepto de salud no existe en su lengua. Esto quiere decir que hablar de salud para los “paisanos” es de por sí entrar en una relación de traducción con las sociedades nacionales y sus instituciones o actores del sistema de salud.

Normalmente los operadores del sistema de salud se refieren únicamente a enfermedades reconocidas por los médicos, pero no reconocen otros problemas como las amenazas al territorio o las dificultades para la siembra porque son ámbitos que no corresponden a sus esquemas interpretativos o competencias institucionales.

Al usar este término de ‘salud’ y al hablar de ‘enfermedades’ los indígenas son muy conscientes de su diálogo con una medicina que se cree universal, y de que esta traducción les es útil para acceder a los beneficios de los escasos servicios de salud en la región. Pero esta concesión no implica que han abandonados sus formas propias de concebir el bienestar y las causas de sufrimiento y malestar en el mundo.

¿De qué pueden tratarse estos otros conceptos indígenas de la salud-bienestar?

mujer indigena amazonica
Mujer indígena de la etnia Los Guajas. Fotografía: Pisco del Gaiso.

En el fondo, una de las diferencias fundamentales entre las ontologías biologicistas o naturalistas y las indígenas es precisamente la ausencia entre los indígenas de una separación entre naturaleza y cultura y de otras dicotomías derivadas de ésta, como lo orgánico y lo mental o espiritual, lo humano y lo animal, el individuo y la sociedad.

El equivalente a una noción de salud en la Amazonia es un concepto que habla de una existencia y modos de vida en condiciones de buenas relaciones de tranquilidad, alegría, belleza y abundancia. En estos términos, la ‘enfermedad’ puede incluir otros tipos de infortunios como el no tener territorio para una chagra, el desvío o alteración de la cuenca de un río por una hidroeléctrica o situaciones de violencia en su territorio.

A grandes rasgos, estos ideales se aproximan al concepto del buen vivir andino, pero es claro que este concepto en sus orígenes ecuatorianos y bolivianos (el sumak kawsay de los kichwas y el suma qamaña aymara) difieren en su interpretación y práctica entre los distintos pobladores de las Américas.

En el caso amazónico, en lugar de un ‘equilibrio’ o ‘balance’ armonioso entre los entes y elementos del territorio, algo muy importante para algunos pueblos andinos, es más relevante la importancia de mantener relaciones apropiadas con los demás seres vivos y elementos de su territorio.

Por lo tanto, conectar con los discursos y políticas basadas en el buen vivir andino nos puede ayudar a pensar en alternativas al desarrollo y a la modernidad (Gudynas 2011) – de los cuales también hacen parte fundamental las instituciones y prácticas de la biomedicina – pero debemos recordar los conceptos de buen vivir también son múltiples. Es importante reconocer como el buen vivir también es objeto de traducciones parciales entre diversas culturas.

El bienestar de muchos pueblos amazónicos está estrechamente vinculado con el territorio de vida y con una ecología de relaciones como parte de un continuo proceso de fomentar, nutrir, proteger y respetar la vida. Más que una aproximación sencillamente ‘preventiva’ o ‘curativa’, que no son más que analogías u otra forma de traducción desde los sistemas de salud, los indígenas están sobre todo comprometidos con conocimientos y prácticas de manejo del mundo que favorecen que la vida pueda continuar existiendo.

La ecología de la salud en la amazonia

plaza leticia
Foto: Harrison Calderón.

Tomando en cuenta que estamos siempre en presencia de traducciones, es posible que haya puntos de encuentro más generativos entre estas ciencias indígenas de la vida por ejemplo con la ecología de la salud, en las que investigadores y pensadores no indígenas también se están interrogando sobre nuestras relaciones no solo entre humanos sino con otros seres vivos y con el territorio; o también con aproximaciones biosociales a la salud, en la que historia, ambiente, política, culturas no son un simple contexto para un sustrato biológico, sino elementos que se van afectando y entretejiendo mutuamente en el tiempo. De modo que podemos encontrar también diversas biologías, biologías locales o ‘situadas’ (; NIewohner & Lock 2018) como lo muestran nuevos campos de estudio como el microbioma y la epigenética (Lock 2013). 

En conclusión, en estos intersticios transformacionales del paradigma biomédico predominante es en donde emerge la posibilidad de escuchar mejor lo que nos cuentan quienes nos han aceptado en sus territorios de origen. De esa manera, podríamos apreciar mejor la salud en la Amazonia y las ciencias de la vida, que no se dejan encerrar en el paradigma biomédico.

referencias

Brotherton, P. S., & Nguyen, V.-K. (2013). Revisiting Local Biology in the Era of Global Health. Medical Anthropology: Cross Cultural Studies in Health and Illness, 32(4), 287–290.

Gudynas, E. (2011). Buen Vivir: Today’s tomorrow. Development, 54(4), 441–447.

Lock, M. (2013). The epigenome and nature/nurture reunification: a challenge for anthropology. Medical Anthropology, 32(4), 291–308.

Niewöhner, J., & Lock, M. (2018). Situating local biologies: Anthropological perspectives on environment/human entanglements. BioSocieties, 1–17.


[1] Me refiero con esto a un paradigma dominante de la salud global que se centra en los humanos y sus relaciones sociales, económicas y políticas, considerando a los animales, plantas, el territorio y el entorno como secundarios. Este paradigma está basado en una separación entre naturaleza y cultura, y puede contrastarse con otros como el biocéntrico o el eco-centrico.

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